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Ingredientes mensajeros

Los antioxidantes son sustancias ya bien conocidas por la gran mayoría de la gente. Sin importar que se encuentren en los alimentos que ingerimos, los suplementos que tomamos o los ingredientes que aplicamos sobre la piel, estas sustancias comúnmente se consideran importantes para la salud. A lo largo de los últimos años, he escrito mucho acerca la de importancia de los antioxidantes en cuanto a su capacidad de disminuir los daños ambientales que resultan de la exposición al sol, la contaminación, el humo del cigarrillo e incluso el mismo aire que respiramos.

Ahora hay un grupo nuevo de ingredientes que está llamando la atención por su capacidad de ayudar a la piel a funcionar de manera más normal. Las revistas médicas se refieren a estos ingredientes como "sustancias señalizadoras celulares", pero yo creo que "ingredientes mensajeros" es un término que describe mejor lo que estas sustancias hacen en el cuidado de la piel.

Los antioxidantes funcionan al intervenir en un proceso de reacción en cadena llamado daño por radicales libres. Un antioxidante puede tomar esas moléculas reactivas que causan estos daños y anularla, y al hacerlo, retardar o inhibir esta progresión problemática. No obstante, aunque sí son muy útiles, los antioxidantes no son capaces de detener por completo los daños causados por los radicales libres y, en definitiva, no son capaces de corregir años de exposición al sol con poca o nada de protección. Los daños de esta naturaleza causan la producción de células epidérmicas anormales. En vez de que se regeneren células epidérmicas normales, redondas, uniformes y completamente intactas, se forman células dañadas que al reproducirse dan como resultado células disparejas, planas y carentes de integridad estructural. Debido a estas deformidades, estas células presentan un comportamiento indeseable.

Por el contrario, los ingredientes mensajeros teóricamente tienen la capacidad de decirle a una célula epidérmica que se vea y que se comporte mejor, más como lo haría una célula epidérmica sana y normal. Aparentemente también pueden impedir que otras sustancias le digan a la célula que se comporte mal o de manera anormal.


Todo comienza con
la comunicación entre las células, un
factor esencial para todos los aspectos
de la salud. Para
que todas las partes de nuestro organismo funcionen correctamente, entre ellas las células epidérmicas, cada célula debe saber cómo realizar la acción correcta en el momento indicado y, en el mejor de los casos, cómo ignorar
la información (que
le llega en la forma
de sustancias mensajeras) que le está diciendo que haga algo
incorrecto. Esto tiene lugar a través de
una comunicación constante e ininterrumpida,
donde una miríada
de sustancias les dicen a las células cómo y cuándo

 

 
funcionar apropiadamente y las células a su vez se transmiten esa información entre sí. Cuando las células no se comunican bien o cuando las sustancias que transmiten información dañina se ponen en contacto con la célula, puede ocurrir todo tipo de problemas.

Todas las células tienen una gran cantidad de sitios receptores para distintas sustancias. Estos sitios receptores sirven de "enchufes" para que las células puedan comunicarse. Cuando aparece el ingrediente indicado para un sitio específico, dicho ingrediente tiene la capacidad de adherirse a la célula y transmitirle información. En el caso de la piel, esto significa decirle a la célula que empiece a hacer las cosas que una célula epidérmica saludable debería estar haciendo. Si la célula acepta el mensaje, entonces puede compartir el mismo mensaje saludable con otras células cercanas y así sucesivamente.

Siempre y cuando haya un sitio receptor y la sustancia señalizadora saludable apropiada, entonces se da una buena y sana comunicación. Pero la red de comunicación de una célula es más compleja que cualquier sistema telefónico mundial jamás construido. La gama de sitios receptores y de sustancias que pueden hacer conexiones con ellos conforman un grupo enorme, complejo y diverso con limitaciones increíbles y rutas intrincadas que apenas hemos ido descubriendo. Y en lo que concierne al cuidado de la piel, es una área de investigación que actualmente está en pañales. No me cabe duda de que seguiremos escuchando cada vez más cosas acerca de los ingredientes mensajeros o señalizadores que se están incorporando a los productos para el cuidado de la piel, pese a la falta de una investigación sólida al respecto. La buena noticia es que, en teoría, este nuevo horizonte en el cuidado de la piel es increíblemente emocionante. Cuando la ciencia descubra cuáles son los ingredientes que les pueden decir a las células de la piel cómo hacer lo correcto y podamos incluirlos en los productos para el cuidado de la piel junto con antioxidantes, agentes antiinflamatorios e ingredientes que imitan la estructura intercelular de la piel, ¡entonces tendremos un humectante realmente asombroso en el cual sí valdría la pena invertir! [fuentes para este artículo: Microscopy Research and Technique (Investigación y Técnica Microscópica), enero de 2003, pp. 107-114; Nature Medicine (Medicina de la Naturaleza), febrero de 2003, pp. 225-229; Journal of Investigative Dermatology (Revista de Dermatología Investigadora), marzo de 2002, pp. 402-408; International Journal of Biochemistry and Cell Biology (Revista Internacional de Bioquímica y Biología Celular), julio de 2004, pp. 1141-1146; Experimental Cell Research (Investigación Celular Experimental), marzo de 2002, pp. 130-137; Skin Pharmacology and Applied Skin Physiology (Farmacología de la Piel y Fisiología Aplicada de la Piel), septiembre-octubre de 2002, pp. 316-320 y www.signaling-gateway.org].

Paula Begoun


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